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¿Quién no ha Sufrido alguna vez una Pérdida?

Pérdida de la persona que amamos o pérdida de una relación, de situaciones u objetos.

Nuestra vida está llena de pérdidas y encuentros.

“Cuando hay un encuentro, necesariamente habrá una despedida”

¿Has perdido últimamente algo que considerabas significativo?.

Cuando se sufre una pérdida, hay una repercusión a corto, medio y largo plazo.

Aparece el dolor como experiencia humana. El dolor ante la pérdida de un ser querido es normal, algunos dicen que ese dolor es el precio que tenemos que pagar por haber amado.

Hay personas que ante la pérdida de un ser querido sienten que algo se ha roto dentro de su alma, que algo se ha detenido en sus vidas.

Hay otras en cambio que pierden a un ser querido y se encuentran tranquilas, en paz y siguen adelante.

El dolor y el sufrimiento forman parte de la naturaleza humana, no hay hombre sin dolor. El sufrimiento forma parte de la vida, y cuando vives intensamente, aceptas sufrir.

La muerte es uno de los actos más importantes de la vida, a ese acto más tarde o más temprano vamos a tener que responder todos, no podemos escapar.  Y lo haremos nosotros, ya que nadie puede morir por otro. Cuando nos enfrentamos a la muerte lo hacemos solos y cada uno es el protagonista.

A veces el enfrentarnos a la pérdida de otro, de un ser querido es mucho más doloroso y difícil. Cuando has compartido un pedazo de tu vida con otra persona y sufres su pérdida sientes tanto dolor, tanto sufrimiento, que piensas:

¿Por qué me está pasando esto a mí?

¿Por qué me toca a mí este sufrimiento?

¿Por qué se tienen que morir las personas buenas?

¿Qué hice yo para merecer esto?.

 “Sufrir es ante todo sentir”.  I. Cabodevilla”  

“Cuentan que en vida de Buda una madre acudió a él llevándole un niño muerto para que lo curase, y –oyendo su gritos los discípulos de Buda pensaron que esta mujer estaba loca pidiendo lo imposible, y se reían de ella. Pero Buda pensó que, si no podía resucitar al niño, podía al menos mitigar el dolor de aquella mujer ayudándola a entenderlo. Por eso le  contestó que, para curar a su hijo, necesitaba unas semillas de mostaza, muy especiales, unas semillas que se hubieran recogido en una casa en la que en los tres últimos años no se hubiera sufrido algún dolor o padecido la muerte de un familiar. La mujer, al ver alimentada así si esperanza, se precipitó a la ciudad buscando esas milagrosas semillas. Comenzó  a llamar a puertas: en unas había muerto un padre o un hermano, en otras alguien se había vuelto loco, en las de más allá había un viejo paralítico o un muchacho enfermo. Con lo que cayó la noche y la pobre mujer volvió a Buda con las manos vacías… y con el corazón en paz: porque había descubierto que el dolor era algo que compartía con todos los humanos”

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Aceptando los ciclos naturales de la vida

¿QUÉ ES EL DUELO?

Existe un proceso  del duelo, pero ¿Qué es el duelo? Es el dolor por la pérdida, y que nos provoca una serie de sentimientos y reacciones,  es el sufrimiento ante la pérdida. El llanto y el luto son las manifestaciones externas de ese duelo.

El duelo atraviesa una serie de etapas, pero es algo individual, es decir, cada persona vive el duelo de una forma distinta. Casi todas pasamos por el mismo proceso aunque las necesidades y deseos cuando nos enfrentamos a la muerte varían de una persona a otra, ya que depende de la relación con la persona fallecida, la forma en que haya muerto, la edad del doliente, etc. Cada persona lo vive de forma diferente.

ETAPAS DEL DUELO.

  • Negación.
  • Rebelión, rabia.
  • Negociación.
  • Depresión, desesperanza.
  • Aceptación.

Negación.Esto no me está pasando” “no lo acepto” “no lo quiero” “Es una pesadilla de la que me voy a despertar”

Nos duele que ya no esté con nosotros, nos duele el abandono, nuestro sentimiento de pérdida.

A veces la persona puede actuar ante los demás como si no hubiera pasado, parece como si hubiera aceptado la situación. Otras veces se paraliza, permanece inmóvil e inaccesible.

Es un mecanismo de defensa que nos protege para que las personas nos adaptemos a la situación.

Rebelión o rabia.  Empezamos a reconocer la verdad pero nos rebelamos contra ella. Nos enojamos con Dios, nos alejamos de nuestras creencias. Una cierta rabia, a veces dirigida hacia aquellos a quienes consideramos responsables de la pérdida.

Esta agresividad se puede volver hacia uno mismo, mediante reproches, pérdidas de seguridad y autoestima.

Negociación. Creemos que podemos hacer un trato con Dios, si nos devuelve a la persona amada. Si hago esto o lo otro quizás vuelva. Creemos que todo es un sueño del cual vamos a despertar.

Depresión o desesperanza. Una gran tristeza. Se va tomando conciencia que esa persona querida ya no va a estar más con nosotros, se experimenta una tristeza profunda que puede ir acompañada de llanto incontrolado, sentimientos de soledad, y a veces te aislas socialmente.

Aceptación. Buscamos el sentido más allá de nuestra tristeza y nos reconciliamos con la verdad. Nos vamos adaptando a nuevas situaciones de vida sin esa persona querida, se empieza a reanudar la vida social, se empieza a recordar a esa persona que hemos perdido sin la tristeza de antes.

El dolor, pérdida y rabia baja de intensidad.

La persona empieza a recuperarse a sí misma. La duración de un duelo suele ser de uno a dos años, este hecho se ve influido por la relevancia afectiva que teníamos con la pérdida,

Pero no existe un punto final del duelo, se puede concluir que ha terminado cuando ese dolor intenso se sustituye por un recuerdo afectuoso sobre el fallecido.

Muchas personas tienen duelos no resueltos.

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“Ésto no puede estar pasando”

 

HAY QUE SANAR EL DOLOR.

Hay que facilitar que la persona exprese su dolor,

Llora, grita, enfurécete, si así lo necesitas, interpélale a Dios por tu desdicha sin miedo, nada hay que temer, Él puede comprenderte,

Deja que todo el dolor salga por los poros de tu piel.

Tanto el dolor como el llanto, es mal tolerado por el doliente y por los que le rodean, y se realizan grandes esfuerzas en frustrar y controlar este proceso.

Si no permitimos el dolor, ese dolor se puede instalar en nosotros.

Durante el duelo, el vacío se apodera de ti, es una sensación dura, difícil, donde nadie puede estar más que uno mismo.

Cuando más sea la pérdida, más intenso será el duelo.

Hasta llegar a un estado de quietud, se necesita un gran coraje para vivir ese vacío.

 

REYES MURCIA MONTESINOS © Copyright 2015.

 

“Estad alerta, no sea que vuestro corazón se cargue con disipación y embriaguez y con las preocupaciones de la vida, y aquel día venga súbitamente sobre vosotros como un lazo” Luc. 21,34

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