La quietud en el movimiento

A diario, suelo hacer mis desplazamientos a pie para salir a mis actividades, encontrarme con alguien, hacer la compra, volver por fin a casa…

Son caminatas de corta o media distancia que me permiten observar mis pasos y mi sentir, y también a la gente, la ciudad, las cosas que suceden en cada instante. Digamos que es una acción rutinaria que puedo convertir en más consciente si tomo esa decisión.  

De hecho, una de las prácticas de Mindfulness consiste en caminar con Atención consciente, y se puede realizar de varias maneras.

Así que, el hecho de caminar como desplazamiento en nuestra vida diaria podemos hacerlo de una forma más atenta , y también si eliges caminar, quizá para relajarte del día de trabajo, para hacer ejercicio, o como un simple paseo por algún lugar que te inspire.

En cualquier caso, ¿te has preguntado cómo y cuándo caminas? ¿A qué velocidad vas? ¿Notas tu cuerpo al andar? ¿Notas tu respiración? ¿En qué te fijas?…

Quizá no te habías parado mucho a pensar en ello. La propuesta que Mindfulness nos ofrece es la de Caminar Consciente.

Mediante esta práctica, nos reconectamos de manera más profunda con nosotros mismos y ponemos la atención en acción. Es como una meditación caminando, ya que en ella atendemos a la experiencia sensorial del movimiento.

No es tan importante el lugar a dónde llegar, sino cada paso al caminar. De esa manera nos reconectamos con el momento presente, “porque no hay otro”.  

Como dice Jon Kabat Zinn, “No hay que llegar a ningún sitio, ni siquiera al siguiente paso. No hay otra llegada más que llegar continuamente al momento presente”.

Sin ir más lejos, te contaré mi experiencia reciente:

“Era un día lluvioso. No lo pensé dos veces, y me planté el gorro de lana para ir al monte cercano. Al llegar, la niebla casi cubría el camino de arriba y una finísima lluvia caía suavemente sobre la tierra y la flora. Mis pies sólo querían experimentar la sensación de caminar, en medio de ese regalo de la naturaleza. Respirar allí era todo un lujo, así que lo iba haciendo conscientemente a la vez que caminaba despacio, sin prisa, frenando el impulso de ir rápido, como tengo por costumbre. El entorno me ayudaba a conectar con mi cuerpo, mi respiración y lo que ocurría en mi mente a cada momento. Todo lo que había estado divagando antes de empezar, poco a poco volvía a un estado natural de relajación al estar inmersa en la caminata”.

©Pilar de Anta 2019

Recordé los baños de bosque,  una actividad muy efectiva para ayudar a levantar el estado de ánimo. Puedes ver más en mi anterior post.
Recordé que Mindfulness, el arte de estar presente, puede ser en cualquier momento, en cualquier lugar, y la vida te invita a practicar siempre que quieras.

Te ofrezco aquí algunas ideas que te pueden ayudar si quieres caminar consciente:

  • FÍJATE en tu forma de caminar desde tu lugar de inicio.  Mira que sea natural, no forzada, observa cómo se mueven tus pies y tus brazos, y también todo tu cuerpo. ¿Está tenso en algún punto?
  • CONECTA el movimiento de tu cuerpo con la respiración, también de forma natural.
  • Seguro que tu mente se distraerá en el minuto 1, así que vamos a traerla a donde estamos: caminando. Invítala a regresar todo el tiempo que haga falta, ayudándote con LA RESPIRACIÓN. ¡Ahí verás cuántas veces nuestra mente divaga con cualquier excusa!.
  • AMPLÍA tu perspectiva al entorno que te rodea, si éste es natural observa el paisaje, si es de ciudad las personas o las cosas que ves, y mantén esa actitud despierta y consciente.
  • Ahora pon tu atención en LOS SONIDOS.  Intenta no etiquetarlos ni juzgar si son agradables o desagradables. Sólo nota lo que son: sonidos.
  • Cambia tu foco de atención al SENTIDO DEL OLFATO: no te obligues a sentir ni etiquetar nada. Sólo percibe aquello que descubras.
  • Pon tu conciencia ahora en LA VISIÓN: mirando objetos y colores, y recordando siempre regresar a tu conciencia, sin “engancharte” en nada en particular. Recuerda mantener una posición y actitud natural, con una conciencia sostenida lo más posible.
  • Mantén esta conciencia abierta a TODO TU ALREDEDOR: nada que hacer, nada que solucionar, nada que cambiar. Recuerda volver siempre a la conciencia del cuerpo y del movimiento, notando tus pies enraizados en el suelo y la tierra que te mantiene.
  • Observa finalmente desde la quietud cómo está TU MENTE, TUS SENSACIONES CORPORALES Y TU ESTADO EMOCIONAL. ¿Ha habido algún cambio desde que empezaste a caminar consciente?. Déjate estar unos momentos con esta conciencia.

Mi amiga psicóloga Reyes Murcia Montesinos me ha brindado un precioso testimonio de su paseo diario incorporando estos pasos:

Hoy apenas estaba amaneciendo, salí a caminar.
Al principio mi caminar era pausado, mis pies estaban despertándose del descanso…
Abro mis ojos y me maravillo al contemplar el sol renaciendo del mar.
Siento que mi mirada se va ampliando para alcanzar toda la inmensidad del mar.
Ahora ya siento una suave calor sobre mi cara.
Sigo caminando de forma pausada, no me quiero perder todas esos tesoros que encuentro a mi paso.
Escucho el cántico de los pájaros que vuelan de un lado a otro de mi camino.

El sonido del mar es sutil, su color azul verdoso.
Me llegan emociones de melancolía.
Solamente escucho el mar y el cántico de los pájaros, todo lo demás permanece en silencio.
Decido volver de mi paseo.
Ahora parece que el mundo se ha despertado, se escuchan voces de otras personas, el sonido de los coches….

Me doy cuenta que mi tristeza ha desaparecido, aunque todavía me rodea un halo de melancolía.
Llego a mi destino.
Me siento satisfecha”.

Te invito a dedicar un tiempo a esta práctica. Cuanto más practiques, más crecerá en ti.

Y lo mejor: puedes llevar esta conciencia al resto del día, o de la semana, simplemente recordando mentalmente que LA QUIETUD TAMBIÉN PUEDE ESTAR EN EL MOVIMIENTO.

©Pilar de Anta 2019, CEO Luz Aiyanna, Profesora acreditada de Mindfulness RespiraVida Breathworks

By |2019-04-02T21:45:32+00:00abril 2nd, 2019|Mindfulness, Transformación|0 Comments

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